En el año 1999 tuve el privilegio de tener en mi aula de formación a un maestro de Lengua Castellana, que dejó huella en mí por su peculiar forma de enamorar a los estudiantes de un área que para mi en otros grados fue un tormento.
Gracias a Alonso aprendí a amar la gramática, la literatura y aprendí a escribir y a descubrir el arte de leer y hallar en los libros una buena compañía.
Recuerdo que cuando llegó al aula de clases creí que era el maestro de artística o un miembro de la Chirimía del colegio, me llamó la atención su pinta de hippie de los ochenta, su apariencia inspiraba revolución y conocimiento.
Gracias a él y a la pasión que despertó en mi por conocer los orígenes de mi lengua y estudiar su estructura, escogí mi profesión.
Agradezco sus enseñanzas y la mujer que soy por todo lo que él inspiró en mi.
Desde que estoy ejerciendo trato de seguir sus huellas y dejarlas en mis estudiantes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario